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Facultad de Humanidades y Educación

Reseña de Pablo Aravena en Le Monde Diplomatique

2 de Diciembre 2024

Masas y partido. Antología (1910-1926)
Antonio Gramsci
Pólvora Editorial, 2024, 533 páginas.

El presente volumen reúne escritos de un Gamsci anterior a los Cuadernos de la cárcel (es arrestado por la policía de Mussolini en noviembre de 1926, para ser liberado en 1937, muriendo días después). Y es que Antonio Gramsci fue un personaje trágico: no por nada su reflexión está atravesada por el problema de la historia. 
Son escritos de juventud y no por ellos “menores”, pues se distribuyen en un arco temporal suficiente como para observar una evolución intelectual que lo llevará a sus propuestas teórico-políticas más conocidas, y originales, acerca de la fisonomía del poder, en sus conceptos de hegemonía, sentido común, consenso o guerra de posiciones. Se trata de un total de setenta tres escritos breves, principalmente artículos de prensa y cartas, precedidos por una útil introducción a cargo de Guido Liguori.
Una manera de leer dicho corpus es constatando las variaciones que va registrando su inicial concepción de la acción política, entendida siempre como la relación entre conocimiento y transformación histórica. Esto lo ubica desde el inicio en el historicismo, concepto que está lejos de no prestarse a equívocos, pues otros pensadores de la época identificaron con este nombre justamente a la corriente contraria. Walter Benjamin, por ejemplo, llama “historia del historicismo” a aquella historia densamente narrativa, causal, de fuerte dependencia documental, que se quería objetiva y sin relación con su presente, limitándose a “exponer cómo ocurrieron en realidad las cosas”, lo que también de modo impreciso se ha denominado positivismo historiográfico. Gramsci, en cambio, se fija el estudio de la historia como una posibilidad dada por el hecho de que es la humanidad misma la que la ha creado, por lo que posee también la posibilidad de transformarla, muy en línea con las ideas de Giambattista Vico. En efecto, se puede ver en este libro a un Gramsci que comienza ya distanciándose del positivismo, tanto en los términos recién expuestos, como de aquel que permeó al marxismo de la II Internacional: objetivista y economicista, que confiaba en el inexorable cumplimiento de las Leyes de la Historia. 
Gramsci lucha contra este fatalismo que conduce a la pasividad y el conformismo, para militar en una concepción voluntarista de la política y antideterminista de la historia, pero que irá decantando desde el neoidealismo hacia un “realismo” marxista en diálogo con Lenin: la voluntad tendrá posibilidades de tener éxito sólo porque no es “arbitraria”, es decir, porque responde a unas necesidades históricas objetivas (la historia no será simplemente lo que queramos hacer con ella). Gramsci ha arribado a la conciencia histórica. 

Pablo Aravena Núñez